Delirios Adicionales

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ideas para almacenar tu ropa




Pinchad en la imagen para hacerla grande.

Besos, Comuniantes.

(Dedicado a Mapaspa)

viernes, 20 de noviembre de 2009

Gaviotas gigantes



Hola, queridos comuniantes.


Hoy me apetece divagar un poco: nada de humor o comicidad. Recuerdo que el otro día, en el tren, no podía concentrarme en el libro que tenía entre manos. No es que el libro fuera especialmente malo pero, simplemente, hay veces en las que una no puede prestar tanta atención a una cosa como quisiera. Y justo eso me pasó.


A cada línea que mis ojos recorrían, las palabras escapaban juguetonas de mi mente, como si nunca hubieran sido absorbidas. Tiré la toalla dos paradas después. 80 minutos de viaje diarios dan mucho de sí, pero tengo por costumbre aprovecharlos de la misma manera: leer cultiva la mente. Sin embargo, a veces una está preocupada, alicaída, melancólica o solo distraída, y es en esos momentos cuando te das cuenta de que, a veces, ayuda mucho más un gran suspiro que las palabras o pensamientos más alentadores.


No me quedó otro remedio: tuve que echar a volar. Y cuál no fue mi sorpresa al darme cuenta de que a mi alrededor navegaban gaviotas gigantes, grises como el mar en un día de tormenta, y blancas como los rayos de luz del mediodía. ¿Habéis reparado alguna vez en el vuelo de las gaviotas, queridos delirantes? Tienen algo de majestuoso, pues cuando planean sus alas se extienden y atraviesan el cielo con tranquilidad, serenas como el oleaje que suele acompañarlas en sus travesías.


¿Cómo puedo saber que eran gigantes? Porque una numerosa comitiva de, al menos, ocho o nueve helicópteros negros recorrían nerviosamente los vientos, como buitres hambrientos en busca de carroña; pero las gaviotas les superaban en tamaño, y era como si todas se unieran en un blanco ejército que estaba preparado para echar a los intrusos de su territorio. Una gran batalla aérea: gaviotas gigantes contra helicópteros de hierro.


En seguida pegué mi cara a la ventana, allá en el lejano suelo, para contemplar la lucha que iba a tener lugar en breve. Y les deseé suerte y ventura a las valientes gaviotas, que ya empezaban a hacer piruetas y rápidos movimientos para mostrar su postura dominante frente al enemigo. "No te temo", le dijeron desafiantes al desordenado pelotón de helicópteros.


Con los inmaculados rayos de luz como aliados, las gaviotas gigantes lanzaron su ataque contra los helicópteros que, al ver que la determinación de sus rivales era contundente, huyeron despavoridos hacia el norte sin apenas mostrar resistencia, mientras ellas se regocijaban de su victoria y me hacían guiños desde las alturas.


Y allí me veíais, flotando entre enormes gaviotas mudas, puesto que el traqueteo del tren me impedía escuchar sus voces, rodeando todas juntas la montaña de Cullera, y dejándonos llevar por la suave brisa de la tarde... hasta que una mecánica voz femenina anunció en el vagón el fin de mi trayecto.


Ya veis, qué aventura. Me alegré muchísimo de no haber podido leer, porque de lo contrario nunca hubiera podido disfrutar de aquella épica contienda entre gaviotas gigantes y helicópteros negros. Llego, pues, a una interesante conclusión: soñar (aunque sea despierta) es un eficaz método para romper con la a veces asfixiante rutina.


Siempre vuestra,


Chica Mordor...*


Besos, comuniantes.

lunes, 16 de noviembre de 2009

DIARIOS DE VIAJE...


Como su propio nombre indica, este apartado será el primer capítulo de mi diario de viaje. Así pues, esta semana os haré que viajéis a través de la lectura de este post, a la mismísima cuna del arte Románico, Barroco y del Renacimiento… ROMA.

Observo el calendario con impaciencia el día de antes, sabiendo que estoy a pocas horas de partir y “cruzar el charco”. La noche se hace eterna, ¡qué digo eterna!, es la ansiedad la que no me deja dormir. Así pues, aunque no he dormido nada de nada, cuando el despertador suena y anuncia la hora de levantarse y ponerse en marcha, doy un brinco y estoy con una energía tremenda, como si hubiera descansado toda la noche sin problemas. Camino a paso ligero hasta el instituto, donde esperan compañeros y profesores. El avión sale de Valencia y tras 2 horas y 40 minutos aproximadamente llega a su destino. El corazón ya me iba a 200 kilómetros por hora y sentía un vaivén curioso en el estómago. Y es que, cualquier amante del arte que se precie, o estudioso del mismo, o bien, simplemente que tenga cierta inquietud por las civilizaciones antiguas, quedaría maravillado con la simple idea de poder visitar esta ciudad, la capital de la bella Italia.

En cuanto bajamos del avión el ambiente de júbilo, emoción y alegría es visible en las caras de todos. Marchamos impacientes hacia el autobús que ya espera para llevarnos hasta el hotel. El viaje en autobús no deja de ser todo un espectáculo… Todo el mundo mira por las ventanillas fijándose muy bien en todo: las casas, la gente… pero sobre todo, pendientes de toparse con algún monumento conocido o que puedan reconocer. Llegamos por fin al hotel, donde nos designan las habitaciones correspondientes. El hotel tiene varios edificios conectados entre sí a través del comedor de la planta baja. A mí, por asignación, me toca estar en la otra punta del hotel, en el último piso, como desterrada. Afligida, cargo la maleta por el pasillo y me dirijo al ascensor de la “zona fantasma”, pues prácticamente todo el mundo está en el edificio contiguo o en plantas inferiores. Cuando llego a la habitación, abro la puerta y tras investigar un poco las dependencias me doy cuenta de que en realidad me ha tocado el gordo. La habitación está en el ático y tiene un par de ventanas pequeñas en los laterales, pero también tiene dos ventanales grandes en el techo inclinado, que cuando te tumbas te permiten ver las estrellas. ¡Qué bonito! Si bien es cierto, no es demasiado grande pero al menos es acogedora. Me asomo al baño y veo lo típico que me esperaría en un hotel de estas características: un lavabo, un inodoro, una bañera, un bidé, un secador, un toallero, etc.
Pero, la sorpresa vino después al bajar a la recepción y comentar impresiones con otras compañeras sobre las habitaciones. - ¿Qué tenéis bañera? – me dice una de ellas asombrada. - ¿Qué tenéis secador? – Comenta otra a continuación. Es entonces cuando me doy cuenta que… sí, estaré a la otra punta del hotel pero por confort no me puedo quejar. Al menos no se me ocurriría hacerlo delante de ellas por si arremeten contra mí, Dios me libre.

Esa misma tarde, después de comer y mezclarnos con la “flora y fauna” romana, echamos a andar por las accidentadas calles de la ciudad. ¿Acaso no han oído hablar del pavimento liso? Otra cosa no, pero, os recomiendo que si vais a Roma vayáis con calzado muy pero que muy cómodo si pensáis patear bastante, puesto que la mayoría de las calles tienen adoquines. Y es que si al menos estuvieran más o menos juntos todavía se haría llevadero, pero es que entre medias de cada adoquín hay unos surcos enormes que si se te ocurre ir en tacones puedes tener más de un tropiezo, o, lo que es peor, se te puede quedar el pie encasquillado y hacerte mucho, mucho daño. Por no mencionar lo incómodo que es pisar ese suelo con: zapatillas, botas planas, bailarinas, etc. Si le añadimos un poco de tacón, ya es el colmo.
(TO BE CONTINUED...)

domingo, 8 de noviembre de 2009

Mis viajes en autobús...

Queridísimos comuniantes:

Tras una eternidad sin decidirme a escribir en el blog he vuelto a las andadas. Ahora mismo, a las 23:59 de la noche, estoy tan aburrida que me ha dado por pensar en mis viajes diarios en autobús. Todos los días, de lunes a viernes, cojo el bus a las 07:39. En la parada ya esperan los mismos de siempre: un chico que debe tener aproximadamente mi edad, siempre con sus cascos puestos, una chica algo más mayor que yo que mira impaciente una y otra vez la carretera a la espera del autobús y una mujer de unos 45 años que siempre lleva la misma bolsa en la mano. El conductor, siempre con su camisa azul y su sonrisa en los labios, nos da los buenos días familiarmente como si nos conociera de toda la vida. Y es que realmente parece que nos conozcamos de toda la vida. Siempre ocupa el asiento que hay justo detrás del conductor una niña morena, que se baja dos o tres paradas más de donde yo subo, dejando el asiento libre a una mujer rubia con gafas. Yo siempre me siento en el mismo lugar: camino a lo largo del autobús hasta llegar a donde hay cuatro asientos enfrentados entre sí. Yo me siento en el que mira hacia delante, para no marearme, y está al lado del pasillo, porque no me gusta molestar cuando tengo que salir. Justo en frente, siempre está sentado un niño guapísimo que me dedica sonrisas pícaras y miradas nerviosas. Me parece tan gracioso que algún día es probable que le pregunte algo sobre su vida. Espera impaciente a que suba su compañera de clase dos paradas más allá y cuando no lo hace, desvía su mirada a la carretera hasta que llega al colegio y baja de un salto de su asiento. Además, un chico muy atractivo tiene que permanecer de pie todo el trayecto porque no encuenta asiento libre, aunque sospecho que nos alegra la vista a todas las chicas del autobús y él es consciente de ello. Cuando llego a la parada, he de bajar corriendo y cruzar el semáforo en rojo para poder coger el otro autobús que me lleva a la universidad, porque si no me pego la carrera, tengo que estar 10 minutos esperando en la parada.

Dejo el teclado libre para irme ya a dormir...quizá si algún día llego a estos límites de aburrimiento otra vez os cuente el viaje de vuelta....

Un abrazo comuniantes!

martes, 3 de noviembre de 2009

Pensemos como un asesino



Queridos comuniantes:

Estoy planeando un crimen. No un crimen cualquiera, sino un asesinato (bueno, y quizá también un robo). Antes de que acabéis de marcar el 091, os debo pedir que os detengáis un segundo a escucharme (leerme, en su defecto).
No es que tenga ansias asesinas de repente (antes de delinquir prefiero dedicarme a otro tipo de profesiones menos adrenalinaicas (palabrejo que te crió). Se trata de otra cosa: ¿recordáis que hace poco escribí diciendo que tenía en mente elaborar una historia de género negro? Pues quiero empezar en breves -estoy en la fase de documentación-, y deseo hacerlo bien desde el principio: su argumento, sus sospechosos, su investigación... claro que todo esto no puede hacerse sin un previo delito cometido (delito que, por otro lado, aún no tengo pensado).

Así que, por eso os pido que me ayudéis a razonar como un asesino (si alguno ha tenido ocasión, DIOS NO LO QUIERA ¬¬)... y que, si se os ocurre algún detalle interesante que aportar, no dudéis en comentar con la propuesta.

¡¡Cuando la historia esté escrita, entre todos le daremos caza al malhechor!! xD

Besos, comuniantes!!


C.Mordor...*

domingo, 11 de octubre de 2009

Todo cambia, todo fluye...

¿Quién no se ha quedado alguna vez a solas en el sofá de su casa y se ha percatado de lo rápido que pasa el tiempo? ¿o de lo que cambia la gente? ¿o de lo que cambiamos nosotros mismos a raíz de las decisiones que vamos tomando con el paso de los días?

El tiempo, sí, algo que a todos nos gustaría poder controlar, en mayor o menor medida. Sobre todo cuando nos pasan cosas buenas, ¿verdad? Por desgracia, no es así. No obstante, cada cual es libre de elegir como pasar mejor ese "tiempo" que tenemos.

Hablando de tiempo, hablamos de cambios... Las cosas nunca son como han sido, es decir, no esperemos que algo que hemos vivido nos vuelva a pasar de la misma manera, la misma forma, contexto, estado de ánimo, etc; porque eso nunca pasará. Las cosas, nunca, repito, nunca vuelven a ser como eran antaño. Respecto a las personas, a nuestro entorno, pasa exactamente lo mismo. ¿No os ha sucedido nunca que, por ejemplo, pase un verano entero o un período de tiempo considerable y cuando te encuentras con algunas personas es como si no las conocieras? No te has preguntado... ¿desde cuando hacen estas cosas? o ¿desde cuando piensan de ese modo? De golpe y porrazo te encuentras con auténticos desconocidos...

Esto puede tener muchas explicaciones. En primer lugar, puede ser debido a una deshinibición en la personalidad, a haber madurado, a haber conocido a gente con otras ideas que hayan hecho que sus propias ideas cambien, etc. Y contra eso... ¿qué podemos hacer? Realmente, lo único que se puede hacer es amoldarse a dichos cambios, aunque a veces no resulta nada fácil, lo cual hace que se produzcan ciertos distanciamientos entre las personas y se decida "cambiar de aires".

Pero no debemos preocuparnos... los verdaderos amigos permanecen a nuestro lado durante mucho tiempo, no importan las tempestades, ni cuanto hayan podido cambiar... Además, todo está en continuo cambio, las personas salen de nuestra vida igual que entran, solo que debemos saber escoger a cuales dejamos salir y a cuales entrar... ;)

Saludos, comuniantes!

martes, 18 de agosto de 2009

Un propósito



Queridos comuniantes...


Para evitar que nuestro querido blog muera y se pudra en el olvido... actualizo.


Esta vez, con un propósito.


A raíz de haberme pasado el verano trabajando en un supermercado, se me han ido ocurriendo varias ideas creativas que, al final, han despertado mi vena escritora.


Y se me ha ocurrido que quisiera probar suerte con una historia detectivesca que me ha venido a la mente, así que a ver si a lo largo del curso me pongo con ello y consigo escribir tres líneas con sentido.


Así, me labro una salida de futuro, jaja, por si me falla la Comunicación Audiovisual y eso... (¬¬u).


Besos, queridos comuniantes, seguiré informando!

domingo, 5 de julio de 2009

La noche me confunde

Queridos comuniantes: esta es una entrada para chicas. Todos los que no entren dentro de esta definición: ABSTENERSE o ASUMIR LAS CONSECUENCIAS


Una vez aclarado esto, procedemos, ahora sí, con la entrada en cuestión.


Consejos para no caer en la red de un CERDO CAPULLO (Ceca).


En primer lugar, analizar un poco más profundamente el concepto de Ceca para ir entrando en el tema. ¿Qué entendemos por un ceca? ¿Qué tipo de persona -o engendro- encaja en el término de ceca?


Seguramente, habrá múltiples definiciones según fuentes, pero una concepción bastante aceptable podría ser la siguiente: elemento indefinido de género masculino que se piensa* que, por tener una colita colgando entre las piernas, es el rey del Mambo y, por ello, se pavonea por su ecosistema cual macho dominante, arrogante y engreído, total y absolutamente convencido de que cada fémina de su alrededor se doblegará a sus pies, por lo que, cuando alguna de las infortunadas víctimas cae presa bajo su influjo, éste se dedicará a torturarla moral y físicamente hasta que la pobre hembra, extasiada, muera de histeria y desdicha.


Más o menos, va por ahí la cosa. Aunque a veces el ceca en cuestión se topará con una hembra luchadora y testaruda que sacará las uñas en defensa propia. Puede que al final muera igual que las demás... pero habrá tenido la suerte de herir al ceca en su amor propio, cosa que le dejará debilitado y confundido por un tiempo, se refugiará en su guarida hasta que se cure por completo, para volver a salir a cazar. Si es que son como plagas.


Bien, una vez entendido el concepto, pasaremos a clasificar algunas subcategorías de los cerdos capullos (ESTO ES MUY IMPORTANTE. SIEMPRE TENEMOS QUE RECORDAR QUE UN CECA ES = ENEMIGO). Hay varios tipos de cecas, a saber:


-Ceca consagrado: también llamado "hijo de la gran puta" o "cabronazo". Guarricerdo donde los haya, es el típico "chico malo" por el que nosotras, pobres ignorantes, nos quedamos colgadas porque, no sé exactamente por qué, pero nuestro cerebro debe tener algún defecto en algún lugar que, cuanto más acabronado está un muchacho, más nos aferramos a él, como si fuera el último tío de la Tierra. ACTITUD NEGATIVA. SÍRVASE UN CAFETITO EN UNA TERRACITA Y REFLEXIONE: NO ES EL ÚNICO, HABERLOS, HAYLOS. ES CUESTIÓN DE PERSPECTIVA A LA HORA DE BUSCAR.


-Ceca "soy buen chaval aunque me hayas juzgado mal": ¡Ja! Mentira. Ésos son los peores. Van de divos, de "no sé por qué me odias, si lo único que hago es quererte". Mal. Maal. Maaal. NO cometáis el error de caer en la tentación. Todos los cecas, sin excepción, buscan el beneficio propio, sin preocuparse del mal ajeno. Estos son más listos: se camuflan bajo una sólida fachada de inocencia que, a la larga, resulta ser una peliaguda arma con la que nos atraviesan sin piedad. Tienen estrategia: cuanto más te fías de ellos, más hondo te la clavan (y no permito que estas últimas palabras sean malinterpretadas, so sucias ¬¬). Solo hay una solución: mandarlos derechitos al norte mientras corremos de cabeza hacia el sur, dispuestas mentalmente a NO DESANDAR EL CAMINO ANDADO.


-Ceca "apártate, chata, que voy pisando fuerte": una peligrosa mezcla de los otros dos, porque no solo es un cerdo capullo consagrado, sino que, además, sabe hacer uso de su inteligencia para darle la vuelta a las situaciones más variopintas, con lo que nos confunden y nos hacen creer que, en realidad, la razón la tienen ellos, porque saben que nos tienen en la trampa: sueltan una de esas irresistibles sonrisas (o bien, se hacen los enfadados) y consiguen que bajemos del burro. Y, claro, ya está la cabra en el monte: como han ganado la batalla, se hinchan como gallos y se pavonean con esos odiosos aires de superioridad que tan poco soportamos nosotras, las mujeres. Que les peten, hombre...


Y sí, seguramente hay muchas más subtipos de cecas, pero yo ahora paso de clasificarlos a todos, porque me darían las uvas aquí. Que se clasifiquen entre ellos, no te jode. Aunque ya me los imagino: "el guapo, el listo y el feo, jajaja". ¬¬


Siguiendo con el manual de hoy (documento valioso donde los haya), pasaremos, ahora sí, a la serie de directrices propiamente dichas que toda niña sufrida debería tener en cuenta para evitar a toda costa a los especímenes aquí tratados. Por ejemplo:


-Desconfiar, ya de primeras, de un tío guapo, divertido, inteligente, encantador, sexy, divertido, atento y sensible. ALGO TIENE. Seguro que pareja, necesidad (ejem) o, podría ser, está borracho (olfatead un poco antes de acercaros mucho, si detectáis el tufillo típico de los ebrietes, echad p'atrás cual mulo tozudo sin pensarlo).


Pero los cecas son mucho cecas. Tienen armas desconocidas y misteriosas con las cuales nos atraen. No pasa nada. Si no superamos la primera fase, aún hay esperanza, pero debemos estar pendientes todo el tiempo de levantar la guardia, por lo que pueda pasar (que pasará, ya lo veréis, dadles tiempo).


-No dejarnos engatusar. Por mucho que parlotee, que nos piropee, que ponga ojillos de cordero degollado... todo son estratagemas para utilizarnos. Una buena manera de recordarnos que no somos más para ellos que un pañuelo de papel es pidiéndoles un clínex. Así, por lo menos, bajaremos unos cuantos metros cuando nos encontremos en pleno ascenso al séptimo cielo. Que el ceca te dice "¿Quieres venir al cine conmigo? Hoy estás preciosa, por cierto", pues vosotras contestáis: "Gracias. Claro. ¿Tienes un clínex?". Cuando nos lo dé (imagen gráfica de nuestra persona), lo más sensato será guardarlo para cuando el ceca en cuestión nos haga llorar. Así nos sonaremos, expulsando las mucosidades mientras nos cagamos en su puta madre y parientes cercanos, sintiéndonos después como liberadas, relajadas.


Son tíos, son simples. Está más que comprobado que su cabeza no funciona de la misma manera que la nuestra. Y los cecas en concreto son unos promiscuos, es algo que debemos meternos en la cabeza: NO SON HOMBRES DE UNA SOLA MUJER, su naturaleza se lo impide. De hecho, cuando alguna vez (rara) consiguen "estabilizarse", las pobres chicas-novias lo notarán.
En su vida en pareja, los cecas son unos celosos agobiadores. La fémina no puede hacer nada, porque todo les parece mal. No se pueden poner minifalda, salir con las amigas, hablar con otros chicos, mirar a los chotos que pasan por la calle... Nada. No pueden hacer absolutamente nada. ¿Y ellos qué? Ellos se van de parranda cuando les da la gana, son unos ponecuernos, que parece que cuando andamos con ellos por la calle estén paseando a su alce, o a su reno, o a su reno, de las peazo cornamentas que sostenemos sobre nuestras cabezas. Porque ellos sí que pueden, y empalman a las tías como un yonki sus canutos. ¡CABRONAZOS!
Algunos incluso se ponen chulos. Que te lo dicen a la cara, vamos: "soy mejor que tú, soy un ganador, a mí nadie me dice lo que tengo que hacer, ni siquiera mi madre". ¡Mal! ¡Reacciona! Mándalos de paseo, a freír espárragos o donde Dios perdió los calzoncillos... pero a ver, seamos sensatas: ¿para qué coño sirve un cerdo capullo? ¿Realmente lo necesitamos para ser felices? Si nosotras nos topamos con el ceca número 635.814.972.038... ¿qué más da? Lo dejamos, nos olvidamos de su cara y seguimos nuestro camino, listas para conocer al número 635.814.972.039 que, igual, quién sabe, puede que hasta sea mejor en la cama y todo. ¡Y arreando que es gerundio! ¡Si por capullos no será! ¡Los hay a millones!
Y, bueno, estos ya son el colmo, los que van de santos y se enrollan con tu mejor amiga mientras te ponían morritos a ti, o los que te piden el número y luego no te llaman (el 99,9%), o si te llaman te dicen "¿Vanesa?", cuando en realidad tus padres te bautizaron como Sonia... o los que te juran que te quieren, que no soportarían perderte, y apenas te has girado ya están dale que te pego con la primera rubia de bote que se ha dejado la falda en casa cuando ha tirado a salir de fiesta, o los que conocen a todo el barrio "y no solo de vista", y piden discreción para que no se lo cuenten entre ellas y pongan a parir su picha consumida...
Grr. En realidad, lo que le pasa a la gente de este tipo es que tienen la autoestima muy baja, y para sentirse superiores necesitan echar por tierra todo lo demás, de manera que se sientan protegidos bajo su careto de imbéciles. Es pura psicología.
Y, mira, no se puede tener todo, porque serán unos cerdos y unos capullos, pero una mujer despechada es muy peligrosa, y estoy segura de que todas nos hemos cabreado alguna vez por culpa de tipos así, que no saben lo que quieren y lo catan todo para después, nunca decidirse. Que luego, después de haberte pasado días y días pegada al teléfono por si llamaba, depilándote cada tres horas y peinándote cada cinco minutos, y no da señales de vida el muy hijo de puta, pues te rebajas y le llamas tú para recordarle que existes, cuando él ya no se acuerda ni de la cara de las tres que fueron después de ti... ¿realmente nos lo merecemos?
¿Realmente se merecen ellos alguien como nosotras? ¿No sería mejor quedarse con alguien más feo, pero más buena persona? Sobre todo porque ellos no ponen esas idiotas excusas que luego son dignas de oír: que si he estado ocupado estudiando o trabajando, que si quedé con los amigos, que si mi abuela se estaba muriendo... ¿y cuando los pillas con las manos en la masa, haciéndote alce una vez más cuando ya empezabas a confiar en él? Pues van y te sueltan: no, es que había bebido, ¿sabes? Ella no significa nada para mí, cariño, fue un desliz. Es lo que tiene, que la noche me confunde...
Reflexionad un poco sobre eso.
Besos, comuniantas, y mandadlos a la mierda sin sentiros mal.


*Obsérvese que el verbo está resaltado en cursiva porque la acción en sí es difícilmente apreciable en dichos elementos indefinidos (muy pocas han tenido la ocasión de contemplar a un hombre razonando; en muchas culturas sigue siendo un mito u leyenda).

domingo, 28 de junio de 2009

Esto no es un punto y final, prometo que añadiré los dos puntos restantes...

Hola queridísimos comuniantes:

Por un ferviente comentario que acaba de llegarnos rogándonos que actualizáramos el blog, me he puesto manos a la obra. Sin embargo, hoy no tengo ganas de escribir nada gracioso. Estoy melancólica. Os voy a contar el porqué.

Me matriculé en Comunicación Audiovisual porque me interesaban los medios de comunicación y me gusta bastante el llamado "cuarto poder". Pero nunca llegué a imaginar el cariño que podría cogerle a un grupito de jovenzuelas que decidieron optar por la misma vía que yo. Ellas han conseguido que las clases fueran mucho más llevaderas y además hemos pasado unas noches de juerga inigualables. Aún así, llega el momento de decirles hasta pronto.

He tomado una decisión que no sé si será la adecuada o no, pero he de seguir adelante con ella. Me duele mucho tener que poner en standby mi carrera este año, pero, sobre todo, tener que decirles hasta pronto a ellas. Han estado ahí para los momentos buenos y los momentos malos y por lo que las he conocido y puedo deducir, estoy convencida de que lo seguirán estando.  

Cuando en algún momento de tu vida tomas una decisión, el curso de los acontecimientos cambia por completo. Sin embargo, yo soy de las que piensa que por mucho que el destino pueda cambiar, el pasado y los recuerdos siempre siguen estando si hay algo que te hace pensar en ellos, y yo, os aseguro que hay muchos motivos por los que merecería la pena recordar este año.

Finalmente y para acabar esta entrada tan sensiblona, espero que todo el que me lea se sienta reconfortado o algo parecido si también está pasando por alguna situación en la que tenga dudas o sienta miedo por las consecuencias que pueda acarrear una decisión en un momento determinado. Así es como me siento yo, temerosa del destino.

domingo, 21 de junio de 2009

Un pensamiento



Ya podríamos haber empezado este blog a mitad cuatrimestre, en vez de hacerlo la última semana de curso...


En fin, las cosas vienen como vienen.
Besos, comuniantes!

sábado, 20 de junio de 2009

100 visitas...

Estoy tan emocionada que no sé muy bien qué decir ahora que ya somos famosas...¡ya tenemos 100 visitas! Queríamos agradecérselo a nuestros padres y amigos, que siempre han estado apoyándonos y gracias a ese apoyo hemos llegado a lo más alto. 

domingo, 14 de junio de 2009

Esa extraña fauna




Hola, queridos Comuniantes.


Me presento como otra de las tres autoras de esta maravillosa bitácora que decidimos crear a las tres de la mañana de un día tonto. Por diferenciarme de alguna manera, me pondré de nombre Chica Mordor y siempre escribiré en este color (¿a que soy súper original?).


Bien, como decía mi buena amiga y coautora, la señorita Comuniante (que debería cambiarse el nik porque lo de "comuniante" no va por ella), ya ha pasado nuestro primer curso universitario, y se ha pasado volando.


Así pues, me gustaría profundizar un poco más en un aspecto que ya ha sido mencionado, aunque de manera superficial. El tema en cuestión: los compañeros de clase, esa extraña fauna.


No es fácil, queridos comuniantes, enfrentarse a un primer día universitario. Yo recuerdo el mío como si se tratara de ayer. Tengo que decir que no fui tan patosa como mi querida amiga, porque yo no me perdí ni me equivoqué de clase, edificio u barrio (¬¬u), pero aun así me sentí rara: un martes de septiembre me vi a las ocho de la mañana en un sótano repleto de gente callada, esperando como si se dirigieran a la horca. Yo, bastante cortada, recorrí el pasillo con lentitud, fijando mi mirada en todas las puertas, buscando un cartel donde ponía "M02".


Asomé la cabeza con cuidado, el aula estaba vacía. Y eso que me doy la vuelta... ¡pam! Al menos veinticinco pares de ojos me devuelven una mirada hostil que me acojonó de inmediato, así, con todas sus letras (hablemos con propiedad). No me quedó más remedio que esconderme en un banco vacío al fondo del pasillo. Me creía a salvo, pero, de pronto, alguien me tocó el hombro y creo que pegué un bote hasta el techo, del susto que me llevé.


-¡Hola! ¿Qué tal? ¿Tú también eres nueva? ¡Ya ves, estamos todos igual! Vaya, madre mía, qué nervios. ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¡A saber lo que nos espera...!


Una chica súper simpática me dirigía la palabra, quitándome un peso de encima ("uff, menos mal, no es por mi olor, entonces", pensé aliviada). En seguida le respondí, y me presentó a otra chica muy mona que estaba a su lado, a la que también acababa de conocer. ¡Qué ilu, el primer día de clase y ya tengo amigas! ¿Se puede ser más feliz?


Poco después surgieron más nombres, se hicieron los primeros equipos de trabajo. Fue una jornada corta, en pocas horas ya nos habían despachado y nos dirigíamos al metro. Yo ahí ya empecé a sospechar, porque, no sé cómo, pero de un segundo a otro me quedé sola con la chica mona que me habían presentado pocas horas antes. Y empezó el caos.


¡Era tímida! Pero una timidez exagerada, la conversación se tornó en un incómodo interrogatorio. Creo que me puse a sudar y todo, intentando salir del atolladero. ¿Por qué me tiene que pasar todo a mí? Mal asco. Nuestra charla fue una cosa parecida a esto:


Yo: Pues... ya está, hemos sobrevivido al primer día, ¿no? (sonrisa ligera).


Ella: Sí.


Yo: ¿De dónde me has dicho que eras?


Ella: De Quart de Poblet.


Yo: Ah (ahora dirá algo, supongo).


Silencio.


Cruzamos un paso de cebra.


Se oye la calle. Los coches y eso...


Silencio incómodo.


Ya está bien, joder, tomaré las riendas.


Yo: Tengo una amiga allí.


Ella: Qué bien.


Yo: Sí (exprime el tema, exprime el tema, exprime el temaaaa. ¡Qué hostias! No se puede exprimir más. Lo cambiaré).


Yo: Y... ¿ya tenías claro que querías estudiar Comunicación Audiovisual?


Ella: No. Me metí por probar.


Yo: Entiendo. A mí me ha pasado un poco igual, ahora veremos qué tal, cómo se desenvuelve la cosa.


Ella: Hm.


Yo: ¿Pero es el primer año que te matriculas?


Ella: El año pasado estuve en Periodismo, pero como no me gustaba, he decidido meterme en esto, que me parece más creativo.


¡¡¡No me lo puedo creer!!! Ha dicho una frase entera, con subordinadas y todo. ¡Bien! Avanza la cosa. Esperaré a que añada algo más.


... y esperaré...


... y esperaré...


... y esperaré...


Yo: Hace sol, ¿eh?


Ella: Sí.


¡Madre mía! ¡Qué conversación de besugos!


Así es la vida, mis pequeños comuniantes (que no saltamontes), te piensas que has conectado con alguien y, después, estás cuatro meses para cogerle el truquillo a esa persona. Justo para que, cuando ya se ha normalizado la relación, esa persona decida dejarse la carrera a mitad de curso, como fue el caso, por segundo año consecutivo. En fin, qué se le va a hacer. O la otra chica, la que me había abordado con tanta simpatía el primer día, que al segundo ya se reveló como la auténtica gruñona que es (eso sí, te puedes morir de risa con ella).


Con este rollo repollo, lo que vengo a decir es que hay gente para todo. Las primeras semanas fueron un auténtico fenómeno de análisis humanístico, ¡la de etnias que te podías encontrar! Hay de todo: freaks melenudos (seguramente porreros en potencia), emos atormentados, pijos antipáticos (estos son como los chinos, están en todas partes), guapitas de cara-pelos perfectos, chungarros, fumetas, homosexuales, bisexuales, asexuales, seguramente también algún pervertido sexual (o varios), punks malcarados, canis masieros, gente de la capi, burdos de los pueblos, hippies, bohemios, cuerdos, locos, bajos, altos, flacos, rellenitos, listos, tontos, feos, más feos... (sí, porque he de decir que en nuestra clase se salvan pocos especímenes del género masculino en lo que a belleza se refiere... y no digo nombres... quien se quiera dar por aludido que se aluda, pero yo no me hago responsable).


Te podías morir. Una interesante actividad hubiera podido ser la de crear una especie de mapa o esquema para orientar al recién llegado. Pero bueno, con el paso de los días te vas acostumbrando a la marea social, y empiezas a establecer tus preferencias. Con la convivencia te percatas de cómo es la gente en realidad y, aunque al principio se respira un aire de conformismo formal, es más tarde cuando te vas acercando o alejando de distintos grupos, según.


Y, bueno, pues mira, Fulanito antes tenía gran amistad con Menganito, pero entre pitos y flautas ahora Fulanito y Menganito han descubierto que no tienen tanto en común como pensaban, y se han abierto a nuevos horizontes. Y eso me ha pasado a mí en cierto modo, me ha costado un poco encontrar mi lugar.


Pero cuando lo encuentras... os aseguro que vale la pena, comuniantes, porque me he hecho muy amiga de las dos coautoras (así como de más gente) y hemos pasado por grandes momentos juntas, momentos que nunca se olvidarán, a pesar de que, en un principio, apenas hablábamos o ni siquiera nos conocíamos. Por idas y venidas de la vida (olé rima) el destino nos ha juntado y ahora, aunque quisiera, no me las podría quitar de encima (entre otros, porque son unas pesadas :P). Y somos un grupito multiracial, que es lo que mola.


Es bueno evolucionar, y solamente cuando ya lo has hecho, te das cuenta de que a los demás les ha pasado igual que a ti: los punks se juntan con los chungos (que al final han resultado ser buena gente), los bohemios con los alternativos, los ecos con los fumetas. Y hablas un poco con todos y los vas conociendo mejor; te das cuenta de que has juzgado mal a mucha gente, y corriges (ya sea de mal para bien o de bien para mal, jajaja, ahí no entro...). Se ha creado una especie de comunidad de la que formas parte, de algún modo u otro.


Y eso es lo que después se te queda: los recuerdos de las experiencias vividas.


En fin, mis pequeños comuniantes, como habréis comprobado los que hayáis llegado hasta aquí leyendo (los auténticos valientes, que aquí cobardes no queremos), me he pasado tres pueblos escribiendo, pero es que me ha venido la inspiración, qué queréis.


Ya hablaremos en otro día de la otra cara oculta de esa extraña fauna (lo que viene siendo el profesorado), pero por hoy ya está bien, que me han salido hasta callos en los dedos.


¡Besos y abrazos a todos! (y gracias por aguantar) ;)

sábado, 13 de junio de 2009

Enlatados

Sudores, taquicardia, asfixia, nerviosismo, percepción de olores extraños (a menudo desagradables); Son las cosas que experimentamos en nuestro querido transporte público: el METRO.

Te levantas cada mañana y después de vestirte, desayunar y coger lo necesario para salir de casa piensas “¿Llegaré bien a coger el metro?” “¿Tendré que correr como de costumbre?”... ¡No lo hagas! ¡Si lo piensas ya estás perdido! Y es que a veces cuanta más prisa tenemos para llegar a un sitio, más tarde llegamos. Es curioso, pero cierto.

En primer lugar, si al despertarte te das cuenta de que en la calle está lloviendo a cántaros solamente tienes dos opciones. La primera es quedarte en casa y alegar alguna enfermedad contagiosa para no tener que ir a clase. Pero si te consideras una persona responsable y te pesa en la conciencia, la segunda opción es llamar a algún amigo o compañero con vehículo propio que tenga la amabilidad de pasar a recogerte. ¡En ningún momento se te ocurra ir a coger el metro! ¡Quién sabe lo que te pueda ocurrir!
Seguramente acabes calado hasta los huesos, llegando a donde quiera que vayas dos horas tarde. Lo más probable, sobre todo si la estación está al aire libre, es que el metro que esperes no pase debido a problemas en la vía (problemas eléctricos, zonas anegados, etc.)

Si el día no tiene inclemencias meteorológicas, piensas que el trayecto en metro puede transcurrir con normalidad. No sabes lo equivocado que estás. Son aproximadamente las 8:00 de la mañana, llegas al andén y observas la multitud de gente que se encuentra esperando y piensas “bueno, me colocaré por la parte de delante para entrar antes y poder sentarme”. ¡Qué error! El metro llega, la gente empuja, entonces observas el cartel sobre las puertas que indica "dejen salir" ¡menuda estupidez si nadie hace caso de eso! La puerta se convierte en un embudo por el que todos quieren entrar. Cuando consigues hacerte un hueco y estás dentro no quedan asientos, es más, sin saber por qué, te encuentras con la espalda pegada al cristal de la puerta y no tienes donde agarrarte. Perfecto.

En ocasiones especiales, véase Fallas, el metro puede llegar a ser una pesadilla. Permanecer en el andén sin caer a la vía se convierte en una hazaña y entrar dentro del tren en un gesto de valentía. Cuando decides adentrarte en las profundidades del vagón, te arriesgas a llegar al final del trayecto sin poder bajar en la parada que querías porque la "amabilidad" de la gente te impide salir. Todo se complica cuando la charanga de una falla va en el mismo vagón que tú y los ves tranquilamente cantando y tocando sus instrumentos como si no tuvieran limitado el aire que respiran. ¡Es un atentado contra la paciencia de los demás pasajeros! Sin embargo, una amiga me dio un consejo para estas situaciones que nunca olvidaré, ya que me ha resultado más útil que aprender a leer: la noche de la Nit del Foc, una vez has conseguido entrar, intenta llegar hasta la puerta por donde tiene que entrar la gente en la siguiente parada. Pega la cara al cristal y pon expresión de sufrimiento. Siempre puedes ayudarte de alguna mano también o incluso del cuerpo entero para atemorizar a los pobres ingenuos que intentan acceder. Lo creas o no, esto puede llegar a salvarte la vida, si quieres seguir respirando al menos.

No obstante, el metro por las noches pasa de ser una auténtica “lata de sardinas” a una especie de “pasaje del terror”. Jueves por la tarde. Entro en mi queridísimo Tuenti (¿qué haría yo sin él?) y encuentro un evento en el que se organiza una cena para esa noche. Me tiro tres horas en el baño arreglándome para estar monísima. Antes de salir de casa, me miro al espejo y me digo a mí misma, esta noche triunfo en la discoteca. El problema llega cuando decido salir y cierro la puerta de casa. El golpe sordo me recuerda que son las nueve y media de la noche y la gente vuelve de trabajar mientras yo me voy de fiesta. Llego al metro, mi adorado metro, y veo en la pantalla que no pasa hasta dentro de diez minutos. La gente me mira a través de sus ojos fatigados tras una dura jornada de trabajo y examina minuiciosamente mis zapatos de tacón de 10 centímetros a juego con el top escotado que me sienta tan bien. En ese momento me ruborizo e intento alejarme lo máximo posible de los asientos ocupados. Dentro del tren ocurre más o menos lo mismo, con la diferencia de que en el interior del metro hay bastante más luz que deja al descubierto mi nuevo ahumado de ojos que tanto me ha costado conseguir a lo largo de la tarde.

Pasan las horas: dos, tres, cuatro, cinco, seis.... y entonces el metro abre sus puertas. Ya es hora de volver a casa, pero ahora viene lo peor de todo. Tras una noche entera bailando a oscuras, sales a la calle con cara de zombie, despeinada y llena de manchas. Todavía tienen efecto en ti los restos de alcohol de esa noche y lo único que te apetece es irte a dormir. Pero, el tren que te lleva a tu casa tardará en torno a 15 minutos en venir, como mínimo. El rubor que había perdido durante toda la noche vuelve a mis mejillas al observar que el trabajador del andén de enfrente me señala y hace gestos obscenos, mientras me dedica una sonrisa pícara. Los demás pasajeros se limitan a cerrar sus ojos y apoyar el mentón sobre su mano, intentando hacer equilibrios para no caer redondos al suelo.

En definitiva, viajar en metro por la noche expande tus horizontes cognitivos y descubres que hay vida humana que intenta sacar el país adelante cuando todavía no ha salido el sol.

La vida es sueño...

Hola queridos comuniantes:

Me presento. Soy una de las tres comunicólogas o comunicadoras que han creado el blog y hoy vengo para estrenarme como escritora amateur y transmitiros con todo detalle cómo ha sido este año que he estado matriculada en Comunicación Audiovisual.
Haciendo honor al título, este curso ha sido el año que más he dormido en la vida. He llegado a batir el récord de 13 horas diarias. Dicen que cuando duermes mucho creces, en mi caso no ha sido así. He crecido, pero a lo ancho.
Y dejando a un lado los problemas hormonales, más concretamente mi pelea constante con el ejercicio físico, pasaré a describir un poco por encima cómo ha discurrido este año maravilloso, el primer año universitario.
El primer día se podría decir que comencé el curso con mala pata. Me perdí y me presenté en una universidad que no tocaba, por lo que no llegué a primera hora para ir intercambiando primeras impresiones con la gente. Finalmente, llegué a mitad de la segunda clase y me senté donde pude. Si os soy sincera, al principio pensé menuda panda de cabrones están hechos, porque no me hacía caso ninguno.
Fue pasando el tiempo y descubrí que la vida de universitario no está tan mal. Fiesta, comer, beber e incluso ir a clase de vez en cuando. También descubrí que la gente trabaja los viernes a las 6 de la mañana y, en honor a Celes, la radio emite a altas horas de la madrugada.
Ahora el curso está acabando y si me hicieran resumir mi año, destacaría cosas como la Guerra Fría, la concentración horizontal, HISTORIA GENERAL DE LA COMUNICACIÓN, ejem, ejem, circunspecta, elefantiásica,profunidad de campo,calor,muuuchas tiendas y, lo más importante, mi queridísimo METRO. Otro día dedicaré una entrada especialmente a él.
Pero sin duda alguna, si algo ha merecido la pena este año ha sido conocer a las otras dos comunicadoras o comunicólogas. No diré nada más porque me pongo ñoña.

Hasta mañana o cuando me apetezca volver amig@s.

(Advertencia al lector: en un mismo tema de conversación podemos tratar temas tan diversos como el aborto, la reforma educativa, la deuda externa y el fichaje de Cristiano Ronaldo).