Queridísimos comuniantes:
Tras una eternidad sin decidirme a escribir en el blog he vuelto a las andadas. Ahora mismo, a las 23:59 de la noche, estoy tan aburrida que me ha dado por pensar en mis viajes diarios en autobús. Todos los días, de lunes a viernes, cojo el bus a las 07:39. En la parada ya esperan los mismos de siempre: un chico que debe tener aproximadamente mi edad, siempre con sus cascos puestos, una chica algo más mayor que yo que mira impaciente una y otra vez la carretera a la espera del autobús y una mujer de unos 45 años que siempre lleva la misma bolsa en la mano. El conductor, siempre con su camisa azul y su sonrisa en los labios, nos da los buenos días familiarmente como si nos conociera de toda la vida. Y es que realmente parece que nos conozcamos de toda la vida. Siempre ocupa el asiento que hay justo detrás del conductor una niña morena, que se baja dos o tres paradas más de donde yo subo, dejando el asiento libre a una mujer rubia con gafas. Yo siempre me siento en el mismo lugar: camino a lo largo del autobús hasta llegar a donde hay cuatro asientos enfrentados entre sí. Yo me siento en el que mira hacia delante, para no marearme, y está al lado del pasillo, porque no me gusta molestar cuando tengo que salir. Justo en frente, siempre está sentado un niño guapísimo que me dedica sonrisas pícaras y miradas nerviosas. Me parece tan gracioso que algún día es probable que le pregunte algo sobre su vida. Espera impaciente a que suba su compañera de clase dos paradas más allá y cuando no lo hace, desvía su mirada a la carretera hasta que llega al colegio y baja de un salto de su asiento. Además, un chico muy atractivo tiene que permanecer de pie todo el trayecto porque no encuenta asiento libre, aunque sospecho que nos alegra la vista a todas las chicas del autobús y él es consciente de ello. Cuando llego a la parada, he de bajar corriendo y cruzar el semáforo en rojo para poder coger el otro autobús que me lleva a la universidad, porque si no me pego la carrera, tengo que estar 10 minutos esperando en la parada.
Dejo el teclado libre para irme ya a dormir...quizá si algún día llego a estos límites de aburrimiento otra vez os cuente el viaje de vuelta....
Un abrazo comuniantes!
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